El sistema de fortificación de las ciudades es consecuencia lógica de las técnicas a emplear en el asalto y defensa, así como del racional aprovechamiento de la topografía del terreno donde se asientan. En este sentido, las murallas de Plasencia tienen una clara relación con las obras castellanas del comienzos del siglo XIII, especialmente con las de Ávila. Constan de un doble sistema defensivo (y en esto se diferencian de las murallas abulenses), unas altas cortinas de gran grosor y una barbacana. Ambos muros están separados por un foso y reforzados por una serie de torreones salientes semicirculares, llamados "cubos”.
Con respecto a la cronología sobre la construcción de las murallas, hay quienes fijan su comienzo en el momento mismo de la fundación de la ciudad, exactamente 1178, aunque matizan que en el año 1196 aún no estarían totalmente terminadas. En el año 1195, como consecuencia de la derrota de Alarcos, cundió el pánico en la Transierra, ya que Ya´qub al-Mansur recorrió y devastó el territorio cristiano del valle del Tajo; en 1196, subiendo por Extremadura, reconquistó Montanchez, Santa Cruz y Trujillo y, franqueando el Tajo, avanzó hasta “los muros de Plasencia”, que cayó en sus manos. Un año después, en 1197, Plasencia vuelve a ser reconquistada por Alfonso VIII, fecha en que los estudiosos sitúan la edificación definitiva de la muralla.
En su mayor parte, la muralla está construida con mampostería extraída a pie de obra, compuesta de sillarejos y bloques irregulares unidos mediante mortero de tierra, cal y pequeñas piedras en los espacios intermedios. |