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Historia de plasencia
Siglos XVII y XVIII


    Decadencia e intentos de recuperación son términos que sirven para definir brevemente la historia de la ciudad de Plasencia en los siglos XVII y XVIII como en la mayor parte de España.

    El número de habitantes puede ser un elemento fundamental para constatar la vitalidad de la ciudad. Con las prevenciones que suscitan las fuentes, se considera que Plasencia tenía a finales del siglo XVI una población cercana a los 10.000 habitantes, sin embargo a comienzos del siglo XVIII cuenta aproximadamente con  4.229 habitantes, y hacia finales de  la centuria no supera los 5.000 habitantes (4.852 en el censo de Floridablanca de 1876 y 4950 en el censo de Godoy de 1797). Ante estas cifras hemos de plantearnos qué factores constituyen un freno para el desarrollo y cuáles  intentan revitalizar la ciudad a lo largo de los dos siglos.

    Entre los factores negativos destacamos en primer lugar, la expulsión de los moriscos decretada por Felipe III en 1609, que supuso la salida de Plasencia de una población asentada preferentemente en los barrios extramuros. Autores contemporáneos a los acontecimientos, como Fray Alonso Fernández, no dan cifras del número de personas afectadas por la orden de expulsión, sin embargo alguna parroquia como la de San Juan quedó prácticamente deshabitada hasta bien entrado el siglo XVIII.

    Un segundo factor  es el impacto de las guerras en la ciudad durante los siglos XVII y XVIII. En el siglo XVII las sublevaciones de Cataluña y del Reino de Portugal alterarán la política nacional. A Extremadura, debido a la proximidad geográfica, le afectó más directamente el conflicto castellano-portugués, que se extendió de 1640 a 1668. No hubo en este conflicto grandes enfrentamientos militares pero la proximidad del enemigo, la presencia constante del ejército y las expediciones de castigo tuvieron repercusiones negativas para la ciudad. En 1642 el Concejo se queja de la falta de vecinos para el servicio de armas porque muchos individuos han huido hacia las sierras o se han ido a avecindar a otros lugares  "dejando esta ciudad tan desierta de gente y en tan misero estado...”.

    A comienzos del siglo XVIII, en la Guerra de Sucesión, Extremadura se convierte en escenario de las luchas entre Felipe V y el Archiduque Carlos de Austria. La participación de Plasencia en este conflicto es más directa pues la ciudad fue tomada por las tropas del Archiduque Carlos en el año1706, permaneciendo la ocupación desde el 17 de abril hasta el 13 de mayo. El esfuerzo durante este conflicto (levas de soldados, contribuciones, alojamientos de milicias, aportaciones de forrajes, acémilas etc.) será un lastre que se mantendrá durante muchos años.

    El tercer factor negativo para la ciudad son las crisis de subsistencias y las epidemias. A lo largo de los siglos XVII  y XVIII España y Extremadura sufrieron crisis de mortalidad, derivadas de la subalimentación de la población y de la difusión de enfermedades. Estas crisis se repiten con cierta regularidad, de tal manera que cuando la población comienza a recuperarse, una nueva oleada interrumpe el proceso. Épocas de sobremortalidad fueron los últimos años del siglo XVI y primeros del  XVII, aunque Fr. Alonso Fernández dice que este “contagioso mal, por la misericordia de Dios no tocó a esta ciudad”. Alta mortalidad se experimentó también en los años cuarenta y cincuenta y, finalmente, en la década de los ochenta, coincidente con el último gran ataque de la peste en el sur y el levante peninsular.

    Durante el siglo XVIII aparecen también numerosos momentos de sobremortalidad, originados por agentes patógenos que actúan sobre una población con escasas defensas naturales. Especialmente trágico fue el año 1754 pues en él fallecieron 336 personas, 198 párvulos y 138 adultos, como consecuencia de una epidemia infantil (sarampión, difteria o viruela).

    Las fuentes de riqueza de Plasencia en los siglos XVII y  XVIII  presentan aspectos poco favorables para el desarrollo:  predominio de las actividades agrarias, un sector artesanal débil y un terciario bastante importante debido a su condición de centro comarcal, capital administrativa y sede episcopal

    La tierra, principal fuente de riqueza tanto por el valor de su producto en la renta local, como por el número de personas que se dedican a ella, está en manos de grandes propietarios que no las explotan directamente, sino que las ceden en arrendamiento. Los aspectos de la agricultura demuestran el escaso desarrollo de la misma: utilización de instrumentos tradicionales, deficiente sistema de abonado y predominio del barbecho, dejando entre una y otra labor un periodo de descanso de varios años.

    La artesanía local presenta las características típicas de la época: asociada a la agricultura, débil mecanización, preponderancia del pequeño taller, escasa formación de los artesanos, deficiente organización gremial, etc.. No hay establecimientos que permitan intuir el paso de la producción artesanal a la producción fabril o manufacturera.

    Plasencia mantiene los mercados semanales que se realizaban los martes y las ferias anuales (finales de noviembre-principios de diciembre).  Disponemos de testimonios en el siglo XVIII que permiten pensar en una cierta decadencia o estancamiento del comercio placentino, como son la reivindicación de  la confirmación de los privilegios de franquicia otorgados por los Reyes Católicos a la feria y mercado y la solicitud del cambio de fechas de las ferias por su larga duración, por ser tiempo de invierno y por la competencia que le hacen las de Talavera y Medellín. Tampoco favorece al comercio el mal estado de los caminos próximos a la ciudad, un problema del que aparecen quejas hacia 1642 y que mantendrá hasta finales del siglo XVIII.

    Asimismo podemos considerar como un freno para el desarrollo la forma de gobierno de la ciudad. Domínguez Ortiz sitúa al Ayuntamiento de Plasencia entre los enteramente aristocráticos, con una fuerte inflación de puestos de gobierno, consecuencia de la venta de regimientos perpetuos iniciada en el siglo XVI y continuada en el XVII. La participación de los vecinos en  el gobierno municipal era prácticamente nula, pues como en otras muchas ciudades castellanas, el elemento popular había perdido toda influencia al pasar los oficios concejiles a manos de una minoría que podía venderlos, trasmitirlos por herencia o incluirlos en los bienes de su mayorazgo. Al frente del Ayuntamiento se encuentra el Corregidor, que reúne en su persona funciones políticas, económicas, judiciales y militares. Junto al Corregidor se encuentra el Alcalde Mayor que le asesora, le sustituye y tiene a su cargo las cuestiones judiciales. El gobierno municipal se completa con los Regidores perpetuos que en el caso de Plasencia son más de cuarenta, controlados por la oligarquía, alugnos de cuyos miembros (Marqués de Mirabel) puede ser propietario de varios títulos.

    Frente a estos factores retardatarios que entorpecen el desarrollo, encontramos otros factores dinamizadores que pretenden impulsar el crecimiento económico y sacar a la ciudad del estancamiento en que se encuentra.

    En el siglo XVII las propuestas para revitalizar la ciudad no  son muy significativas y quedan reducidas a manifestaciones artísticas complementarias,  a fundaciones religiosas y a iniciativas para obtener un mayor poder político a nivel nacional.

    Sin ánimos de ser exhaustivos queremos citar solamente algunas manifestaciones artísticas que, a pesar de la crisis del siglo XVII, se hacen en Plasencia como una muestra de las fuerzas renovadoras que existen en la ciudad. En primer lugar es lógico destacar la realización del retablo mayor de la Catedral de Plasencia, una obra cumbre del barroco español que demuestra el poder económico de la iglesia placentina en estos momentos. También a este siglo corresponden la edificación de obras menores que, en diferente estado de conservación, se mantienen en la actualidad: la ermita de Santa Teresa, construida  en la Dehesa de los Caballos, la ermita de Santa Elena, situada también fuera de las murallas, la casa del Deán y el edificio de la Cárcel Real (fachada del actual Ayuntamiento).

    Las fundaciones religiosas intentan recordar, mantener y recuperar el esplendor que la ciudad tuvo en la centuria anterior. Situamos en este lugar la creación de los conventos de Carmelitas Descalzas y de las Capuchinas, así como el establecimeinto de una escuela por el Chantre Vargas.

    Con respecto a las iniciativas para obtener un mayor poder político a nivel nacional, lo más importante es la compra, junto con las ciudades de Trujillo, Mérida, Badajoz y las villas de Cáceres y Alcántara, de un voto en Cortes que ejercerían de manera colegiada estas ciudades y villas de Extremadura. Las Cortes de 1665 en las que por primera vez iba a participar Plasencia fueron desconvocadas por la Reina Gobernadora.

    En el siglo XVIII, aprovechando el reformismo borbónico de la segunda mitad, se plantean iniciativas para mejorar la situación y acabar con la penuria económica. Los proyectos  son generalmente poco ambiciosos, se centran en cuestiones muy concretas, como el aumento de los Propios, la reparación de caminos, la construcción de puentes, etc. sin formar un auténtico plan de conjunto que verdaderamente transformara la ciudad.

    Hacia mediados de siglo se pretendió establecer en Plasencia una especie de sucursal de la Real Compañía de Comercio y Fábrica de Extremadura que supondría un importante impulso para la industria textil. Esta propuesta quedó en un mero intento y nunca se convirtió en realidad.

    El proyecto reformista más importante es la fundación  de  la  Sociedad  Económica  de  Amigos  del  País. Cronológicamente el nacimiento de la Sociedad placentina, la primera de Extremadura, se produce a finales de la década de los setenta, es decir, su aparición se debe a la acción del gobierno que, por medio de Campomanes, insta a las autoridades locales a fundar este tipo de Sociedades. La vida de la Sociedad Económica de Plasencia fue breve y sus realizaciones escasas pues sólo hemos encontrado referencias a su actividad en los años 1780 y 1781.

    Otro proyecto reformista fue la petición que dirige al Rey el Procurador SíndicoPersonero, José Muñoz de la Cruz, en diciembre de 1784, solicitando la concesión de la casa de los Jesuitas para trasladar a ella el Seminario, escuelas de primeras letras y fundar una Universidad. La argumentación del Personero se basa en el lamentable estado que presenta la educación en Extremadura y Plasencia, en la ausencia de una Universidad en Extremadura y en las condiciones naturales y materiales que reúne nuestra ciudad. La petición no fue tenida en cuenta por las autoridades del país.

    El último aspecto que deseamos resaltar en este campo reformista es la labor llevada a cabo por el Obispo de la Diócesis de Plasencia D. José González Laso que estuvo al frente de la diócesis desde 1766 hasta su fallecimiento en 1803. Pertenece González Laso al grupo de obispos bienhechores y economistas que trabajan para aliviar la miseria y mejorar las condiciones de vida de los fieles. Sus relaciones con el poder central y con otros prelados nos inclinan a situar a González Laso en la línea del regalismo y del denominado jansenismo español. Su obra fue muy amplia, abarcando numerosos  campos: en  la beneficencia destaca  la creación del Hospicio en el antiguo  Colegio de los Jesuitas y la  ampliación del Hospital de Santa  María; en la  enseñanza, la  reforma  de  los  estudios  de Humanidades; en  la vigilancia y censura de costumbres, las críticas de determinados abusos cometidos en la observancia religiosa. Pero, sin duda alguna, el aspecto más conocido de la obra de González  Laso  y  el  que  mayor  impacto  causó  entre  sus contemporáneos fue la labor constructiva, A ello dedicó el obispo gran parte de su vida y su patrimonio. Fueron numerosos los caminos abiertos o reparados y los puentes construidos para mejorar las comunicaciones y solucionar un problema crónico de la ciudad y su tierra. Como ejemplo de obras realizadas podemos citar la reparación del puente Nuevo, del puente Nieblas, del puente del Cardenal y del puente de las Corchuelas, la construcción de un puente sobre el río Almonte y otro sobre el arroyo de la Vid, la reparación de caminos que conducen a Trujillo, Malpartida y al Santuario del Puerto.   Asimismo su actividad se centró en el urbanismo de la ciudad reformando el Palacio Episcopal y construyendo nuevas calles (la calzada desde Santa Ana a los Alamitos  y el Paseo de la Ronda,  para lo que fue necesario romper parte del recinto amurallado de la ciudad).

    Aunque muchos proyectos no llegaron a cristalizar, a finales del siglo XVIII hay un cierto optimismo en la ciudad que quedará truncado con los acontecimientos de comienzos del siglo XIX: nuevas crisis de mortalidad y la Guerra de la Independencia.

Isidoro Fenández Millán

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Web Oficial del Ayuntamiento de Plasencia ( Cáceres )
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