historia de plasencia
Siglo XX
Plasencia inicia el siglo XX haciéndose merecedora del título de "Muy Benéfica” por su comportamiento con los repatriados de cuba. Las crisis de subsistencias ponían de relieve las dificultades de redistribuir el producto agrario. Pocos propietarios y un grupo cada vez más nutrido de jornaleros abocaron a las comarcas del norte de Extremadura a incorporarse al inmenso flujo de la emigración a Ultramar. En medio de esa pérdida de población, el catolicismo social trata de estimular el crédito agrario no usurario mediante la creación en 1911 de la Caja de Ahorros de Plasencia.
Algunos signos de bonanza económica se dejan entrever durante los años de la Gran Guerra y durante la Dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, la crisis de 1917 muestra la cara verdadera de los problemas; Plasencia no se libra de la epidemia de gripe que asola Europa y sus habitantes plantean dos grandes quejas: el injusto sistema de quintas y la gravosidad de los impuestos sobre los productos de primera necesidad. La "España oficial”, tan alejada de la “real” se manifiesta en las visitas de Alfonso XIII a Las Hurdes en 1922 y a la Ciudad en 1927.
La llegada de la II República significó para muchos la esperanza de un cambio radical que acabara con las injusticias. Pero la ilusión del reparto de tierras y el rescate de las comunales, junto a la abolición de quintas y consumos, pronto se vieron enterradas por la división interna y las resistencias al cambio. En la Ciudad, las buenas intenciones se vieron en el trabajo de la corporación municipal encabezada por Julio Duran en 1931 y en 1936.
El impulso de la Reforma Agraria republicana, conllevó que oligarcas y sectores conservadores del Ejército trataran de restaurar el viejo orden. La Guerra Civil significó el fin de ese tiempo de esperanza y dejó la huella de las luchas fratricidas, de la dura represión e incluso, la existencia de un campo de concentración en la Ciudad.
Silencio y autarquía jalonaron la década de los 40, mientras la Ciudad se iba abriendo al exterior de sus murallas en torno a nuevos ejes que hoy vertebran la Ciudad. Durante el desarrollismo y de la mano de las obras públicas (pantanos de Gabriel y Galán, Borbollón, Torrejón...) la Ciudad fue creciendo.
El desarrollo del sector servicios (sanidad y educación) y la presencia de nuevos núcleos de colonización (regadíos del Alagón y del Tietar) reanimaron la vida de la Ciudad convirtiéndose otra vez en punto de encuentro de las comarcas. La consolidación de la democracia vino acompañada de iniciativas turísticas, culturales y de ocio que, junto a su entidad económica, confluyen en una Plasencia que acababa la centuria como punto de referencia inexcusable en la región.
Sergio Riesco.