Historia de Plasencia
Edad Media y Renacimiento
La situación de Plasencia, a la salida de un valle y entre pasos montañosos, cercana al vado del río Jerte, camino obligado tanto para los animales salvajes como, después, para ganados y pastores, fue un lugar propicio para los pueblos cazadores y, más tarde, para las estancias o paradas de ganados transhumantes. A lo largo de la prehistoria y de la historia este corredor de Plasencia ha sido utilizado por múltiples pueblos y culturas tanto provenientes del norte, celtas, vetones o vacceos, como del sur, del bronce dolménico y orientalizante. Su solar fue asentamiento de romanos, visigodos, árabes y es el corredor elegido como línea de penetración de la reconquista y repoblación tanto de leoneses como de castellanos.
La fundación de la ciudad por parte de Alfonso VIII se produjo en torno al año 1186 dentro de su política de fortalecimiento de la línea del Tajo y la creación de una retaguardia en el avance de la reconquista hacia el sur; al mismo tiempo restringía la expansión del reino de León en la Trasierra o Sierra de Bejar y obligaba a volver a utilizar la Vía de la Plata como límite entre ambos reinos. También tendría la finalidad de castellanizar el territorio, no sólo civilmente, sino también eclesiásticamente, de manera que, al crear la nueva diócesis de Plasencia, consolidaba la ciudad como tal y la hacía depender de la metrópoli toledana, en vez de la compostelana.
En el año 1195, como consecuencia de la batalla de Alarcos, los almohades atraviesan Extremadura y reconquistan importantes núcleos de población tanto al sur como al norte del Tajo, llegan a Plasencia, que cae en sus manos. Un año después, en 1197, la ciudad vuelve a ser definitivamente tomada por el monarca castellano.
La vinculación del origen de la ciudad al carácter militar y de repoblación son los dos aspectos que sin duda determinaron la morfología de la muralla y de la ciudad, consistente en un amplio recinto que debería dar cabida no sólo a los habitantes del alfoz de la ciudad, sino también a sus ganados y enseres en caso de peligro. Mientras que el modelo urbanístico del casco histórico de Plasencia responde al modelo cristiano medieval de ordenación radioconcéntrica, donde las calles principales llevan una disposición radial y unen las puertas con la Plaza Mayor, y las secundarias, con dirección concéntrica, enlazan las vías principales.
El concejo abierto de los primeros momentos y la participación de los vecinos en los órganos de gobierno, perfectamente estructurados en el Fuero por parroquias y "sexmerías”, van a verse rotos a partir del siglo XIV por la aparición de grupos oligárquicos de presión, que se harán con el poder de la ciudad. Se pasó así a una estructuración aristocrática y de regimientos ciudadanos.
Respondiendo a estos criterios de reparto la ciudad en sus primeros momentos se estructuraba en torno a los barrios, que generalmente solían estar vinculados a una iglesia, sinagoga o mezquita que ofrecía una dualidad de funciones: la religiosa y de repartimiento civil, jurídico y administrativo. Más tarde la aristocratización de una parte de la sociedad placentina, supuso que las parroquias se convirtieran en iglesias-mausoleo de la nueva oligarquía urbana, y que las minorías de judíos y mudéjares, concentradas en los lugares específicos de la Mota y de San Pedro, con el tiempo, se vieran obligadas, a cambiar sus recintos religiosos, a espacios nuevos y apartados.
A lo largo de la Edad Media la ciudad va a participar de manera activa en los diferentes avatares de la corona, que van desde su implicación activa en la reconquista y repoblación de la líneas del Guadiana y del Guadalquivir, hasta su inserción en las banderías surgidas en torno a los Trastámara, así como su afinidad o enfrentamiento con las órdenes militares de los Templarios y de Alcántara.
Pero será el siglo XV un periodo clave de la historia de la ciudad donde persisten los comportamientos feudalizantes de la Edad Media que desembocan en el periodo señorial, en el cual Plasencia es cedida por el Rey Juan II a la familia de los Estúñigas y pasa de una jurisdicción de realengo a otra de señorío, entre los años 1442 y 1488. Este cambio fue aceptado pacíficamente por gran parte de la población y de la nobleza.
La elección de Alvaro de Estúñiga, Conde de Plasencia, a favor de Dª Juana la Beltraneja en sus pretensiones a la corona de Castilla frente a Isabel la Católica, justificará a la larga el uso de las armas contra su sucesor por parte de algunos linajes de caballeros nuevos que habían ido adquiriendo importancia durante el periodo señorial, caso de los Carvajales, hasta la vuelta de la ciudad al seno real. Esta vuelta a la jurisdicción de realengo fue ratificada con la presencia de Fernando el Católico en Plasencia el 20 de Octubre de 1488.
A lo largo de la Baja Edad Media Plasencia vivió un floreciente momento en el que el concejo y los nobles laicos y religiosos potenciaron la actividad constructiva, con la remodelación o edificación de casas fortaleza, conventos, hospitales, parroquias y la última fase de la Catedral Vieja que se había comenzado en el siglo XIII. Así se edificaron conventos como los de las Ildefonsas, Santa Clara, San Francisco o de San Vicente Ferrer, casas solariegas como la de los Carvajales en lo que fueron las casas mayorazgo de los Monroy y la de los Estúñiga en la de los Almaraces, hospitales como el de Santa María, de la Merced y el de apestados de San Lázaro, al tiempo que todas las parroquias sufren amplias remodelaciones para su adaptación a nuevas capillas de enterramientos insignes de los hidalgos de la ciudad.
A lo largo del siglo XVI, Plasencia conseguirá un aumento de población espectacular cifrándose en torno a los 10.000 habitantes y ofrece el aspecto de una ciudad en perfecta sintonía con la política ordenancista de Carlos V y Felipe II. Pero algunos hechos tuvieron honda repercusión en la ciudad tales como las consecuencias de la expulsión de los judíos en 1492, cuya actividad artesanal y financiera se dejó sentir tras su salida. Las revueltas comuneras, que en Plasencia se manifestaron como una rivalidad entre familias y clanes, así los Zúñigas partidarios del emperador se enfrentan a los comuneros Carvajales, lo que supuso el reencuentro de la familia Estúñiga con la Corona, recibiendo la singular titulación de Marqueses de Mirabel, que unido a la nueva mentalidad de hombre del Renacimiento de D. Fadrique le lleva a remodelar sus casa al estilo imperial del “romano”. La venida de Carlos V a las cercanías de la ciudad (Monasterio de Yuste), sin duda, al amparo de sus amigos personales, como eran D. Luis de Avila y Zúñiga, Marqués de Mirabel, y el Conde de Oropesa, supuso poner en contacto a la ciudad con personalidades relevantes del reino en general y de la Corona en particular.
La llegada de personas con nuevos criterios de gobernabilidad y con extensos conocimientos culturales y políticos facilitaron la renovación de comportamientos de formas de vida, de mejoras urbanísticas y potenciaron la imagen de la ciudad en los ambientes nacionales e internacionales.
Así durante este siglo siguiendo las propuestas centralizadoras de Carlos V y Felipe II, se llevan a cabo los proyectos de construcción de un nuevo Ayuntamiento que fuera fiel reflejo de la idea de orden del Emperador y el proceso fiscalizador de los abastecimientos de la ciudad a través de la edificación de la Casa del Peso de la Harina y la reforma de las casas de la Carnicería. También se produce la remodelación de las puertas de entrada a la ciudad por otras más suntuosas. Sirvan de ejemplo las Puertas del Sol, Coria y de Berrozanas.
Durante este siglo la Corona tuvo especial interés en que sus éxitos políticos o bélicos fuesen festejados por el Concejo con toda solemnidad y sin escatimar gastos, por medio de desfiles conmemorativos, luminarias, suertes de toros etc., que unido a los festejos de índole religiosa del Cabildo catedralicio y de las cofradías, convirtieron la Plaza Mayor y las plazuelas de las parroquias en auténticos espacios espectáculos. A estos fines de espectacularidad se adaptaron las fachadas cambiando su solidez y hermetismo por ventanas, balcones corridos y solanas.
Pero será la construcción de la nueva catedral lo que supondrá la creación, mediante un objeto arquitectónico diferenciado, de un nuevo centro ideológico de poder. Esta exaltación figurativa, realizada a escala monumental, tuvo profundas consecuencia para la imagen y el desarrollo urbanístico de la ciudad, pues se insertó en una trama medieval un volumen de gran tamaño que obligó a reordenar, al menos en un tercio, los alrededores del nuevo edificio, siendo más influyente el paradigma eclesiástico sobre cualquier otro modelo civil, que desembocará en una descompensación simbólica del poder laico en el perfil urbano .
Jesús Manuel López Martín.